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De charla con la máquina

nohy623

Un primer paso para conseguir la ilusión de estar hablando con una inteligencia es ofrecer respuestas encadenadas. Ser capaz de entender que la conversación no ha terminado. Siri y Assistant, el nuevo asistente virtual de Google, ofrecen ya este servicio, aunque de forma limitada. Se puede preguntar, por ejemplo, “¿qué película ha ganado el  Oscar al mejor director este año?” y, a continuación, tras obtener la respuesta, añadir: “¿Quién era el actor protagonista?”. Los asistentes reconocerán que la segunda pregunta está relacionada con la primera.

“Casi todo el desarrollo histórico de la inteligencia artificial se ha centrado en aprender a reconocer la voz. Es la razón por la que el aprendizaje de máquinas [o automático] ha sido una herramienta tan reverenciada. Es muy buena en esas situaciones. Pero reconocer la voz no nos da una idea de la motivación de las personas, y la motivación es la clave para entender lo que realmente se quiere conseguir al verbalizar una orden o una pregunta”, asegura Rob High, responsable del proyecto Watson de IBM, una plataforma de inteligencia artificial que saltó a la fama en 2011 tras convertirse en el primer ordenador en ganar a concursantes humanos en el concurso de televisión estadounidense Jeopardy!

High cree que Watson es el primer paso hacia la era de computación cognitiva, máquinas que serán capaces de entendernos y podrán incluso adelantarse a nuestras necesidades. “Serán capaces de poner la música que nos gusta según el estado de ánimo que perciban, por ejemplo”, vaticina. Para High, sin embargo, hablar de inteligencia artificial es hablar necesariamente de una inteligencia no humana. “No creo que tenga sentido replicar digitalmente la forma de pensar del cerebro humano. Ya tenemos 8.000 millones de cerebros humanos en este planeta (sic). Tenemos que centrarnos en desarrollar sistemas cognitivos que nos complementen”, asegura.

Todavía queda mucho para llegar al nivel de interacción que nos muestran películas como Her, donde el protagonista se enamora de una inteligencia artificial, pero eso no quiere decir que en su estado actual este tipo de asistentes no sean útiles. Su mercado, de hecho, crecerá durante la próxima década a un ritmo del 34 % anual, hasta alcanzar los 12.000 millones de dólares de facturación, según Global Markets Insights. En solo una década, el 50 % de las interacciones con máquinas podría realizarse a través de la voz. Parte de ese crecimiento vendrá de nuevos smartphones con mejores asistentes o nuevos dispositivos para el hogar.

Google, que presentó su inteligencia artificial conversacional Assistant hace solo un año, ha comenzado a extender su presencia a los terminales Android equipados con la última versión del sistema operativo y Amazon ha llegado a acuerdos con varios fabricantes de electrónica y telefonía para llevar a Alexa a sus productos.

En ambos casos se trata de plataformas de inteligencia artificial que han puesto la mirada, sobre todo, en el hogar. Estos asistentes virtuales podrían acabar convirtiéndose en el mayordomo que necesita la tecnología domótica para convencer al gran público.

Hoy en día es posible automatizar casi todos los elementos del hogar, desde la seguridad a la iluminación, pasando por la limpieza o el control de temperatura, pero cuantos más dispositivos inteligentes se colocan en casa, más engorroso se vuelve controlarlos. Hacen falta varias aplicaciones y tener siempre a mano un teléfono o una tableta como centro de control.

Los asistentes virtuales pueden ser el lubricante que elimine la fricción entre el usuario y los elementos inteligentes del hogar, ya que permiten controlarlos con la voz de manera más natural.

La otra parte de ese crecimiento vendrá también al considerar su aplicación fuera del ámbito personal. Si la voz se convierte en el nuevo método de interacción con la informática y la tecnología –no el único, pero sí el preferido–, estos asistentes también serán comunes en nuestro trabajo.

En vez de pasarnos horas analizando una hoja de Excel, pediremos un resumen de las cifras más significativas. En lugar de navegar por complejos menús, solicitaremos al ordenador que dibuje o diseñe una estructura definiendo sus características físicas. Ninguna de estas tareas se realizarán exclusivamente con voz –la imagen seguirá siendo un medio efectivo para presentar información–, pero la combinación de interfaces táctiles o gráficas con sistemas expertos capaces de entender el lenguaje natural simplificará muchas de las tareas a las que hoy dedicamos horas.